La vida tenía que estar en otra parte

Con ese ángulo con el que impactan los rayos del sol al atardecer, alcanza a meterse la luz entre las rajaditas del corazón e incluso, en casos extremos en dónde coincidan las rendijas anteriores y posteriores, se proyectan los vacíos en en la pared. Es curioso. He visto tantos atardeceres últimamente.

Con el sol tan lejos, perdura esa sensación de que la vida tiene que estar en otra parte. Así, tan inmóvil, sí parece que soy el pivote por donde gira el mundo. Sé que no, pero más bien, al dejarse llevar por la rotación de la Tierra y no intentar contrariar esa inercia imperceptible… se pierde todo el movimiento relativo que da tanto sentido a la vida.

Es la quietud que buscaban tantas mentes brillantes para poder por fin aprender. La profesión anhelada, por ser contemplativa. Que no sé quien escribió y que leí en ese libro de Sagan (y que en bajito afirmé que también la necesitaba -no por mente brillante- pero para aprender de lo que me interesa).  Me sentí un poco culpable pero sé que no.

Cuando menos puedo saber que no, y reconocerme.

 

Mediterranea

Difícil es volver a inventar las palabras cuando las decidí regalar todas. Estaba seca y vacía, cuando… sentí esos diminutos granos de sal tocar las yemas de mis dedos, la misma sal que cubrió mi piel cuando por fin mis pasos llegaron a L’Hospitalet después de no sé qué tantas horas… y no podía soltar, no podía soltar. “Ánimo, querida” dijiste, y cómo enfurecí. Por fin mis pasos, uno a uno me condujeron a aquel sitio mientras en mi cabeza sonaba Serrat y yo a penas podía sostenerme. Había varios cangrejos arrancando las algas pegadas a las piedras y comiendo y moviéndose lateralmente. De pronto sentí la sal rebotar en unas de esas piedras y golpear mi cara. Solo un deseo: vertir una lágrima al mar mediterráneo, y asi fue. Una y otra y otra y otra, hasta que no podía parar, y esas rocas enormes y solitarias se llenaron de aquella lluvia compuesta de lo mismo de sí misma, cien pueblos cien pueblos. No estoy tan segura si fue una muerte o fue un nacimiento pero es igual, a mi cualquiera de las dos cosas me sirven, cualquier cosa menos la confusión. No hay ya dudas, solo hay entierros, castigos y venganzas, y pasados… resueltos.

Experiencia o sabiduría

Pasa lo mismo que para una herida física. La conozco, he tenido rajadas en la piel, huesos rotos, asma, migrañas, tifoidea, y otros dolores de menor relevancia… de eso he podido concluir varias cosas particulares, navegar por el dolor también es aprendizaje. El más extrapolable es, sin duda, la certeza de que cada dolor tiene un límite, y solo lo conoces al dejártelo sentir, aunque sea un tiempo en su máximo esplendor. En cierto modo así lo he hecho, y así lo he dejado sentir para lo demás. Hay un punto, cierta calma en medio del dolor, donde sabes que has llegado a la cima, aunque no haya una molécula de oxígeno entrando en tu torrente sanguíneo (bueno, casi). La calma es el alivio de conocer el dolor, y saber que no llega más lejos que esto que estás sintiendo (por lo menos hasta lo que conoces). La calma también es la tranquilidad de saber qué te está pasando, para eso, !qué alivio, la ciencia! Y poder apaciguar el dolor cuando no se desee conocer más de él.

Puedo sentir el amanecer acercándose y calando mis pies a estas altas horas de la madrugada, puedo sentirlo acercarse en mis dedos congelados. Es cierto, para tantas cosas, que uno sabe que va a amanecer justo después de que la temperatura alcanza su punto más frío.

¿Será?

Es muy triste por un lado, y un poco egoísta por otro. Si somos lo suficientemente “importantes” para alterar el equilibrio en nuestro planeta no merecemos ni siquiera un nombre (aunque el nombre solo nos importe a nosotros mismos). Estratigráficamente, quizá la respuesta sea otra, y creo que el tiempo confirmará lo inevitable, siguiendo nuestras costumbres actuales. En fin, si sí cambiamos de época ojalá consideren cambiarle el nombre de era Paleoarcaica a la Cyanobacteraica.

 

What a time to be alive!!

Las reediciones de libros, por razones obvias, acostumbran a tener sentido. Este es el caso del famoso “New Guide to Science” (Introducción a la Ciencia), de Isaac Asimov, que una editorial canadiense vuelve a lanzar al mercado anglosajón. Un libro que se publicó por primera vez en España hace años y que no ha perdido […]

a través de Ciencia y Filosofía, inevitable y necesaria dualidad — EL FARO DEL FIN DEL MUNDO

Riego por goteo

Bueno, mi idea es crear un sistema de riego por goteo. Pensaba hacerlo lo más simple posible y además que todo sea reusado de materiales que encontré en mi casa. Funciona usando la presión y la gravedad como única fuerza, solo necesito ayuda para la administración y correo de las gotas. Pensaba amarrar espacios del tubo, limitando el paso de agua. Se aceptan sugerencias.

¿Cada cuánto?

La belleza de la luna radica esencialmente en sí misma y parcialmente en la luz del sol que la ilumina; que es suya cuando la refleja sobre tus ojos; que es tan tuya cuando me miras.
Como un hombre lobo, pero mujer…  es difícil discernir, los pensamientos se ablandan. Más salvaje, menos prudente. La luna me llama, qué dificil mentir. De noche me llama, qué fácil sentir.
Como un hombre lobo, pero mujer… También me cabe la insensatez, si veo tu pupila dilatarse una vez. Si veo que se extiende tu mano me dan ganas de volver, y soltar todo lo que sé.

Como un hombre lobo, pero mujer… Mirar la luna y dejar (me/de) ser.

Casi casi mi cumpleaños

Una noche un poco solitaria. El viento, frío, corre entre los edificios, las casas, los autos. Del cuarto a la sala, desde la ventana hacia la puerta, azotándola.
Casi veintiún años, ¿logré hasta ahora el desarrollo de mi cerebro? No lo sé.
Quisiera cortar en trozos cada etapa de mi vida y echarla a correr en agarosa; a ver qué puedo concluir después. Ahora no puedo pensar en nada más que hacer con tantos meses pisando este planeta.
… y tantas palabras,
y tantas ideas.
Veintiún años sonarán pocos, en retrospectiva me sabe a tanto. Para mi el año nuevo comienza el domingo, quizá sí, un poco adelantada; quizá un poco a destiempo. Pero estoy. Me visto y estoy. Duermo un poco y estoy. Como algo y estoy. Me cuesta mucho seguir el movimiento del mundo, es tan arrítmico, hace falta detenerse un segundo para notarlo.
He fracasado apuntando a la luna y me he quemado tocando el sol.

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Estirar los sentidos hasta alcanzar el orgasmo sensorial, estirar la mente; unir la noche con el día. Confundir el vacío con la piel. Perderse entre lo indefinido. Creer creer creer que no se cree en nada.
Separarse de la Tierra por un instante, cuando nadie miró. Impulso, respuesta; impulso, respuesta.

Desciende, Apolo, mírame ahora, ¿no estoy ya lo suficientemente preparada?
Llévame a recorrer tus notas, a conocer tus crestas y tus valles.
Muéstrame otras letras, explícame el lenguaje de los silencios.
Después no quieras verme nunca más, nunca más.

Desretención

Como todos, tuve que soltar ciertas orillas para ir a buscar otras. A veces por convicción, a veces por necesidad, y otras muchas veces más por razones que no fueron elección mía.
Es raro, andar y andar, y siempre dejar algo atrás. Siempre querer algo delante. Solo poder estar en un lugar. Es un alivio poder soltar. Aceptar la realidad y empezar a disfrutar.
El momento me arrastra y la felicidad me desborda. Solo hay un lugar. Siempre es hoy, solo es hoy. Qué alivio poder reir, qué alivio poder llorar… con algo que puedo tocar.
Este viento de tantos kilómetros me arrancó lo último que aquel mar no pudo llevarse. El viento secó mi sudor, el sol evaporó mis lágrimas. Tirada, mirando al cielo miré a la luna y sonreí.
Para viajar ligero me basta una idea, que siempre preceda a la acción.